Urgente: una reforma tributaria para reducir los impuestos (parte 2)

Pero, ¿y qué hacemos con el diagnóstico de la columna anterior?

Léala aquí: https://andresjulian.com/2020/05/07/urgente-una-reforma-tributaria-para-reducir-los-impuestos-parte-1/

En el caso del impuesto de renta, sería útil establecer la obligación de que todos declaremos ingresos, así no todos paguemos impuestos. Abogo porque no pague el 97,6% de la población, es decir, quienes están en situación de pobreza extrema (7,2%), pobreza (19,8%), vulnerabilidad (39,8%) y la clase media (30,8%). Para 2018, el DANE estimó que la clase alta en Colombia es aquella que percibe ingresos mensuales de $3.045.147 por persona, lo que alcanza a ser el 2,4% de la población total del país.

A renglón seguido, también deberíamos eliminar todas las exenciones, salvo una para los ingresos laborales, pensionales y de capital hasta de $3 millones/mes -el BID sugiere que el umbral de descuento no supere el ingreso percápita de los países, $1.75 millones/mes para el caso colombiano-. Así solo serían sujeto del impuesto de renta las personas que ganen más de esta cifra, pero igual la podrían descontar de su renta gravable. Esto es, si alguien se gana $36 millones en el año ($3 millones x 12 meses), declararía renta pero no pagaría monto alguno. Si otra persona se gana $48 millones en el año, podría descontar de esta cifra los $36 millones que están exentos, dejando como renta gravable solo $12 millones.

También necesitamos establecer -como lo hicieron con éxito hace ya un cuarto de siglo varios países de Europa Oriental- una tarifa única de renta. Esta, no mayor al 25%, sería igual para personas naturales y jurídicas, a fin de evitar arbitrajes. De esta manera, el contribuyente con un ingreso gravable de $12 millones, pagaría $3 millones de impuesto de renta en el año.

Esta ganancia en simplicidad no sacrifica la progresividad. El que tenga un salario mensual de $4 millones/mes terminaría con una tasa efectiva de tributación apenas superior al 6.3%; un súper pudiente, que los hay en Colombia, con ingresos mensuales de $44,5 millones, pagaría una tasa efectiva 3.7 veces mayor que el primer contribuyente, 23,3%.

Para el caso de las empresas, sería útil mantener la posibilidad de descontar el impuesto de industria y comercio -ICA- del monto gravable de renta. Este tributo, si bien dinamiza mucho las finanzas locales, nos resta competitividad, pues se liquida sobre ingresos brutos.

En cuanto al IVA, urge establecer una tarifa única y general para todos los bienes y servicios de la economía que no supere el 12%. Habrá que exigir se le regrese a la población más pobre del país lo pagado por este concepto, tal y como lo ha hecho ya con mucho acierto el gobierno nacional para un millón de familias en medio de esta crisis.

Simplificar el sistema tributario podría duplicar los tributos más importantes y ayudar a corregir el déficit; le daría al gobierno recursos frescos para no dejar disparar la pobreza; y si se focalizara bien el gasto público, comenzaríamos a construir un país más equitativo.

La pandemia ha puesto de manifiesto muchos anacronismos. Varios de ellos toman lugar en el mercado laboral. Los colombianos debemos entender que, después de la violencia, el drama social más grande que padecemos es la informalidad. Resolver eso pasa por flexibilizar la contratación laboral y reducir los sobre costos que hoy existen para tener con “todas las de la ley” a un empleado. Después de todo, como afirmara Reagan, “el mejor programa social del mundo es un empleo”. Y muchos hoy nos preguntamos, ¿para qué cajas de compensación, y otras cosas que encierran los parafiscales si estamos es luchando por mantener los empleos? Deberíamos reducir los mal llamados impuestos a la nómina a la mínima expresión y financiar solo los renglones prioritarios de la seguridad social con impuestos generales.

Finalmente, unos tributos sencillos no distorsionadores de la actividad económica le darían al gobierno los recursos, y la capacidad, necesarios para maniobrar tanto en tiempos normales como en tiempos extraordinarios. También construirían legitimidad. Los ciudadanos verían en el Estado y en quienes lo regentan que se está a su servicio. La democracia saldría ganando.

@AndresJRendonC

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